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Amaya ESPINOSA RAMOS, Especialista en trayectorias y performance de lanzadores

Joven ingeniera con una energía y un entusiasmo contagiosos, Amaya Espinosa Ramos es española. Trabaja en Francia, para el CNES, y colabora también con alemanes e italianos. Amaya es una verdadera europea ¡que debe mucho al programa Erasmus! Es una gran apasionada del espacio al que sueña volar un día.

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IOONOS: Para usted, ¿el espacio es una vocación?

Amaya ESPINOSA RAMOS: A la edad de 10-11 años, quería ser astronauta. Escribí una pequeña carta a la NASA, que me respondió y en la que me alentaban a seguir una carrera científica para alcanzar mi objetivo. Por lo tanto, me orienté hacia la carrera de ingeniería, que sigue siendo la profesión de base, aunque las cosas están llamadas a evolucionar y han evolucionado ya. Estudié en España en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Aeronáuticos (ETSIA) de la Universidad Politécnica de Madrid durante 6 años. Después, mi trayectoria y la realidad me han llevado hacia mi trabajo en la actualidad, que me gusta muchísimo. ¡Pero sigo soñando con volar!

IOONOS: ¿Siempre ha tenido fibra europea?

Amaya ESPINOSA RAMOS: Al estar la industria española más desarrollada en el campo aeronáutico que en el espacial, aproveché siempre la oportunidad de viajar para formarme. Gracias a cursos de verano y a intercambios entre las universidades europeas, estuve en Bélgica y en Suecia. Y después, gracias a Erasmus, en 2001, fui a hacer SUPAERO durante 6 meses a Toulouse (Francia) ¡hablando solamente español e inglés! Fue extraordinario: ¡que oportunidad encontrar a otros europeos, comparar nuestras trayectorias y forma de ver las cosas; irnos de juerga, pero, sobre todo se aprende mucho! Al final de mi estancia en Francia, visité el Salón de Bourget y envié 3 C.V. (curriculum vitae), con una orientación “lanzadores”, a las empresas que me interesaban. El CNES me llamó enseguida y a finales de 2001, comencé a trabajar para la agencia espacial francesa.

IOONOS: ¿Puede explicarnos en qué consiste su trabajo?

Amaya ESPINOSA RAMOS: Trabajo en el CNES, en la Dirección de Lanzadores. Mi trabajo consiste en determinar la trayectoria del lanzador; es decir, el camino a seguir desde la base de lanzamiento hasta la inyección en órbita. Siempre se puede ir en línea recta como un coche. Pero el objetivo buscado al definir una trayectoria es optimizar el rendimiento (performance) del lanzador para la puesta en órbita de la carga útil y eso no es tan sencillo. Se busca sacar lo mejor posible del lanzador según los objetivos a alcanzar.

IOONOS: ¿En qué lanzadores trabaja?

Amaya ESPINOSA RAMOS: Trabajo en misiones que volarán en unos meses, como Herschel-Planck, en los satélites científicos o comerciales que deben ser lanzados por Ariane V. Me ocupo, por lo tanto, un poco de Ariane, pero, sobre todo, del proyecto Vega (lanzadera europea de satélites pequeños bajo contratación italiana). También trabajo en ante-proyectos para la preparación del futuro en un contexto europeo.

IOONOS: ¿Qué es una trayectoria ideal?

Amaya ESPINOSA RAMOS: La trayectoria está siempre al servicio del éxito de la misión. A priori, la trayectoria óptimal es la que va a maximizar la carga útil inyectada. Pero se puede buscar optimizar otros criterios, como el consumo de carburante. Conociendo la configuración del lanzador, sus masas y sus características propulsivas se determina una trayectoria óptimal que debe respetar diversas restricciones en vuelo (exigencias) como la visibilidad desde las estaciones en tierra de determinadas fases, la reentrada en la atmósfera de las etapas tras la extinción del motor o el sobrevuelo de las tierras (salvaguarda de las poblaciones). Nos vemos llevados a penalizarla para tener en cuenta las exigencias de la misión. El algoritmo de vuelo embarcado en el lanzador (navegación, guiado y pilotaje) deberá seguir esta trayectoria durante el lanzamiento para colocar el satélite en órbita. Hay que tener también en cuenta las perturbaciones que pueden tener lugar en vuelo: la atmósfera, el viento, la aerodinámica, los propulsores, etc. El riesgo es cometer un error de inyección debido a una cantidad de carburante insuficiente que conduzca al agotamiento prematuro. El satélite deberá compensarlo entonces, y utilizar su energía para alcanzar la órbita final, lo que puede comprometer su ciclo de vida. La misión no será un fracaso, pero no será optimizada para el satélite.

IOONOS: ¿Cuáles son las restricciones de su trabajo?

Amaya ESPINOSA RAMOS: En el diálogo entre las agencias y las empresas industriales, estamos sometidos a planificaciones a veces difíciles, pero la restricción principal es de orden comercial y político. Independientemente de la calidad de las tecnologías que se pueden inventar, es necesario encontrar clientes para desarrollarlas. Y nuestro trabajo, el futuro de nuestros proyectos, depende de las ambiciones de la política espacial europea. En Europa, el acceso al espacio sigue siendo una prioridad, pero el vuelo habitado por ejemplo no es una.

IOONOS: ¿Qué interés principal encuentra en su trabajo?

Amaya ESPINOSA RAMOS: El cálculo de trayectorias durante la fase de desarrollo del lanzador o los vuelos de calificación son motivadores. Cuando se cambia un elemento importante de un lanzador no se puede garantizar que se comportará como la versión anterior del lanzador. Pero el mayor placer son los ante-proyectos, las restricciones dejan espacio para el sueño y la invención. Se cuestiona lo existente para imaginar evoluciones de Ariane o Vega. También se reflexiona sobre nuevos sistemas de propulsión como la propulsión heliotérmica (gracias a la luz del sol), o lanzadores aerotransportados o aerolargados (lanzados desde un avión), reutilizables, etc. A veces hay sorpresas, nuevas cuestiones que surgen, y verdaderamente se tiene la sensación de contribuir al futuro de la conquista espacial.

IOONOS: El hecho de ser una mujer en el campo espacial y de trabajar fuera de su país, ¿le plantea un problema?

Amaya ESPINOSA RAMOS: Trabajar en un país que no es el tuyo no plantea ningún problema, en cambio es preciso esforzarse en hablar el idioma. Los 3 primeros meses en Francia fueron un poco difíciles para mí, pero después me las he arreglado rápidamente; revisaba la gramática cuando salía del despacho. Como mujer, parece que siempre hace falta hacer más para ser respetada en nuestro trabajo. En el CNES, la paridad es una cuestión de principio y en las empresas industriales francesas no he sentido diferencia de trato, pero en Italia, mis interlocutores se sorprenden a veces de tener que tratar con una mujer. Los ingenieros rusos no comprenden incluso que se pueda hacer el mismo trabajo que ellos, sobre todo, si se es joven y nos toman forzosamente por traductoras…

IOONOS: ¿Qué consejos daría a los jóvenes que quieren trabajar en el campo espacial?

Amaya ESPINOSA RAMOS: Que no se cierren ninguna puerta, que miren lo que existe en las diferentes empresas; hay montones de trabajos y campos de actividad que no sospechamos. Y es necesario aprovechar los comienzos y la energía para moverte antes de establecerte en tu trabajo.

IOONOS: ¿El espacio le hace soñar?

Amaya ESPINOSA RAMOS: Los desplazamientos a la base de lanzamiento de Kourou siguen siendo uno de mis recuerdos más bonitos: ¡sentir la potencia de la lanzadera durante su lanzamiento me pone la carne de gallina! Siempre tengo tantas ganas de embarcar: si no lo he hecho para entonces, ¡me pagaré un vuelo espacial para mi jubilación! ¡El sueño del espacio para mí es realmente encontrar vida más allá! Sueño que una sonda detecta otras existencias o que somos contactados…

 
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