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¿Como sucede todo allí arriba?

La vida cotidiana en el espacio contada por Jean-Pierre Haigneré

Jean-Pierre Haigneré ha pasado 6 meses a bordo de la estación orbital rusa Mir" >Mir en 1999. Ha respondido a todas nuestras preguntas sobre la vida en el espacio:
¿En qué se convierte nuestro cuerpo con la ausencia de gravedad?
¿Cómo se puede comer y dormir?
¿Cómo lavarse y vestirse “para salir”?
¿Cuáles son las distracciones durante las largas estancias?

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Sangre patas arriba y sin una arruga, el cuerpo en el espacio


IOONOS: ¿Cómo se siente uno cuando llega al espacio?

Jean-Pierre Haigneré: La primera sensación es justamente que ya no se siente el cuerpo debido a la ausencia de gravedad. Esto puede crear una sensación de vértigo, primicia del famoso mal del espacio. ¡Todo lo que no está fijado a las paredes flota en el aire! De pronto, el oído interno, cuyo "nivel de burbuja" nos aporta la noción de verticalidad, envía al cerebro señales erróneas y contradictorias con las percepciones visuales. El sentido del equilibrio se ve perturbado, lo que se traduce por este “mal del espacio” que nos disuade de movernos y nos protege de una caída imposible. Por lo tanto, durante los 3 primeros días, más vale no moverse demasiado hasta que nuestro cerebro se adapte ¡corto-circuitando las informaciones de nuestro oído interno!

IOONOS: ¿El cuerpo sufre otras modificaciones?

Jean-Pierre Haigneré: Los primeros días en el espacio, un fenómeno físico desagradable hace subir la sangre a la cabeza: como ya no hay gravedad, la sangre ya no puede llegar de forma natural a los pies y al estar el corazón más cerca de la cabeza, la sangre fluye hacia él más libremente y aumenta su presión. De pronto, los tejidos de la cara se hinchan, las mejillas se ponen muy rojas y desaparecen las arrugas, ¡es formidable! Todo se congestiona: se tiene la impresión de tener un catarro… Para paliar este movimiento de los fluidos, algunos cosmonautas aprietan la parte superior de sus piernas con correas para impedir que la sangre suba demasiado. Pero eso no elimina completamente los dolores de cabeza. Lo mejor es esperar algunos días a que los sensores del cerebro detecten la sobretensión y ordenen al metabolismo disminuir la masa líquida mediante la orina. ¡De pronto, la sangre se espesa, lo que disminuye la tensión arterial en todo el cuerpo!

IOONOS: ¿Por qué se hace mucho deporte en el espacio?

Jean-Pierre Haigneré: Para el cuerpo, estar bajo la ausencia de gravedad, es un poco como estar semanas tumbado en una cama de hospital. A los músculos y a los huesos que nos sustentan ya no son solicitados normalmente, ya no tienen que sustentar el cuerpo y por lo tanto se funden rápidamente. ¡Los huesos pueden perder el 1% de su densidad cada mes! Es por eso que debemos hacer como mínimo dos horas de deporte al día con aparatos.

Comer y dormir, más vale agarrarse

IOONOS: ¿Cómo se duerme en el espacio?

Jean-Pierre Haigneré: Es un poco como en un camping, se duerme en un saco de dormir. ¡Como no hay ni arriba ni abajo, se puede dormir “de pie”! Lo que es importante es estar sujeto, arrimado a la pared de la nave, donde haya sitio. Para ello, los sacos de dormir van armados de correas. Puede utilizarse una cinta elástica grande para aquellos de nosotros que tengan necesidad de conservar su columna vertebral recta y así evitar los dolores de espalda. También para aquellos que, como en la tierra, tengan necesidad, para dormir mejor, de sentir la presión de una superficie sobre el cuerpo y tener una impresión artificial de gravitación. Para las misiones largas, a veces puedes disfrutar de un pequeño espacio privado en el que puedes instalar tu saco de dormir. Y no hay que olvidar meter las manos en el saco, ¡si no “bailarán” durante toda la noche!

IOONOS: ¿A qué se parecen los alimentos en una estación espacial?

Jean-Pierre Haigneré: Comer en el espacio es una de las actividades que ha mejorado mucho con el tiempo. Al principio, los alimentos eran liofilizados, es decir, eran secados y reducidos a polvo para que ocupasen menos espacio y peso y para que se conservasen a temperatura ambiente; o incluso bajo la forma de conservas. Después, los menús se han mejorado y diversificado. En la actualidad, los alimentos son menos repetitivos y a menudo están envasados al vacío como los alimentos de comida rápida disponible en nuestros almacenes. La Estación Espacial Internacional dispone de una cantidad de energía que permite el uso de un congelador y de un horno, de los que la Mir" >MIR no estaba equipada. En cambio, lo que no puede cambiar es la consistencia de los platos que constan todos de un aglutinante que evita que los alimentos vuelen por toda la Estación. La calidad de los platos es esencial para la salud moral y física de las tripulaciones de estos vuelos de muy larga duración.

IOONOS: ¿Cuántos platos con salsa?

Jean-Pierre Haigneré: En ausencia de gravedad*, todos los alimentos que se desmenuzan son potencialmente peligrosos: en una estación, los polvos o las migas no caen al suelo; flotan indefinidamente y amenazan con bloquear los filtros de aire o ¡con penetrar en los pulmones al respirar! Es por eso que independientemente del plato, éste debe estar pegado a la salsa para evitar que las partículas vuelen. En el espacio, no se pueden comer patatas fritas o ver bebidas gasesosas. Por el mismo motivo, los platos están fijados a las bandejas gracias a cintas de velcro…

IOONOS: ¿Y para fregar los platos?

Jean-Pierre Haigneré: Se dispone de muy poca agua y por lo tanto, ¡no se friegan los platos! Se tiran todas las bolsas y las latas que hayan contenido alimentos, en las que se come directamente, velando siempre por evitar la contaminación. Se compacta todo en cajas que se sellan de manera estanca.
Lavarse y vestirse para una vida extrema

IOONOS: ¿Y cómo se asea uno?

Jean-Pierre Haigneré: ¡Es bastante espartano, pero siempre se está muy limpio! Se limpia uno esencialmente con toallas humedecidas en agua caliente. Algunas están embebidas en un producto limpiador, después se aclara uno con otras toallas... Cuando se parte en una misión espacial, es preciso pensar en llevar de todo, incluida el agua. Es preciso saber que para enviar 1 kg en órbita, ¡se precisan 200 veces más de masa en el suelo! En la estación Mir" >Mir, cada persona tenía derecho a 5 litros de agua al día (¡lo que significaría 1 tonelada de carburante por persona y por día de misión sin reciclado!) Por lo tanto hay que velar por una gestión muy rigurosa del agua y regenerar una parte. Para el resto, nos lavamos el pelo “en seco” y ¡la Nasa ha inventado incluso un dentífrico comestible! Había duchas al comienzo de la Mir" >MIR, pero consumían demasiada agua. En cuanto a la cisterna de los aseos, ¡es una especie de aspirador! La orina se aspira sencillamente para compensar la ausencia de gravedad. Si se utiliza correctamente, todo va bastante bien: es preciso ser minucioso, lleva tiempo… ¡Hay que prestar siempre atención a las contaminaciones pero es bastante higiénico! El objetivo no es encontrar la comodidad de una casa…

IOONOS: ¿El agua se recicla totalmente?

Jean-Pierre Haigneré: Todo el vapor de agua producido por la actividad de los astronautas, en particular, la deportiva, se recupera en los condensadores del sistema de acondicionamiento del aire y sirve para la preparación de los alimentos. En la Mir" >Mir, había incluso máquinas que reciclaban la orina. El agua recuperada servía para fabricar una parte del oxígeno respirado por electrolisis. Pero la orina es corrosiva y ensuciaba los aparatos. Demasiado a menudo se averiaba, lo que obligaba a reparaciones que ponían en peligro las condiciones de higiene de la estación. En nuestros días, la Estación Espacial Internacional se desembaraza de este tipo de residuos, ¡era demasiado complicado!

IOONOS: Háblenos de la escafandra espacial.

Jean-Pierre Haigneré: Es una verdadera nave espacial individual compuesta por 14 capas diferentes de materiales, ensamblados en 18 partes, pesando todo ello 114 kg (en la Tierra, porque no pesa casi nada en el vacío). Cumple dos grandes funciones. Protegernos del vacío espacial al permitirnos respirar (está equipada con una reserva de oxígeno y un aparato que regenera el aire) y resistir a las temperaturas extremas: ¡frente al Sol hay + 150ºC y de espaldas al Sol, - 150ºC! Por lo tanto, es a la vez estanca y rígida. Esta rigidez hace agotador cada gesto durante una larga salida al espacio que puede durar 7 horas. Cualquier movimiento exige un esfuerzo importante: ¡una salida extravehicular equivale a encadenar dos partidos de fútbol! En general, se pierden varios kilos dado el calor que hace. La escafandra está equipada también para evacuar este calor denominado metabólico y así regular la temperatura que reina en el interior. Una vez puesta, nada de estornudar, o bajar solamente el mentón al máximo, porque no se puede limpiar el visor del casco (¡felizmente ventilado y dotado de un anti-vaho!)

Entretenerse y soñar en un espacio grande como un autobús

IOONOS: ¿Qué distracciones ha tenido en el espacio?

Jean-Pierre Haigneré: La experiencia de mi primer vuelo, en 1993, me ha permitido reflexionar en las actividades que iba a realizar durante mi segundo vuelo, en 1999. Tenía derecho a un kilo y medio de asuntos personales. He llevado mi saxofón, CD Roms, un método para aprender alemán, cosas para escribir, hacer fotos y programar mi ordenador, así como dos libros: De la Tierra a la Luna de Julio Verne y las Mil y una noches. También tenía una radio amateur que me ha permitido comunicar con mucha gente en la Tierra, así como también con mi mujer.

IOONOS: ¿Cómo le ha ayudado hacer tantas cosas?

Jean-Pierre Haigneré: Me ha entretenido bastante, me ha aportado mi propia vida en la nave y es muy importante cuando se tiene tan poco espacio vital (¡400 m3, el equivalente a un autobús y medio para 3 personas!) No soporto realizar las cosas sin que se me expliquen o no tener elección. Mis distracciones me han estabilizado y me han permitido hacer frente a bastantes situaciones. Conocía bien a mis dos compañeros de tripulación rusos por haber pasado 8 años en Rusia y haber preparado mi vuelo durante 8 meses a su lado. Comíamos juntos y trabajábamos juntos, pero respetábamos enormemente los momentos y el espacio de cada uno. ¡Confieso que me ha encantado escribir mis artículos para el diario francés Le Figaro, hacer fotos y tener discusiones apasionantes con gente del mundo entero gracias a la radio amateur! Cómo se necesita solamente hora y media para dar la vuelta a la Tierra, se pasa una o dos veces al día por los mismos sitios y la gente está allí, ¡esperando que nos conectemos!

 
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