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El hombre en el espacio

Misiones en el espacio, encuentro con Jean-François Clervoy

Jean-François Clervoy pertenece al cuerpo de astronautas de la ESA*, es uno de los dos astronautas franceses “activo”. Ha efectuado tres misiones espaciales muy diferentes. Él recuerda para nosotros la preparación de un astronauta y sus realidades durante cualquier vuelo y nos ofrece el relato de cada una de sus misiones.

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Una preparación larga


IOONOS: ¿Cuánto tiempo necesita un astronauta para prepararse antes de una misión?

Jean-François Clervoy: Para una misión corta, hace falta una preparación de un año como mínimo, para una misión larga en la Estación, son dos años de preparación. ¡A tiempo completo! La misión se vive en un simulador antes de efectuarse de verdad.  El trabajo es muy intenso, es necesario ser capaz de gestionar las averías, de no estresarse, de no tener pánico…

IOONOS: ¿Cuál es la preparación específica a seguir?

Jean-François Clervoy: En la lanzadera*, hay más de 1.000 interruptores.  La primera vez que entras en la cabina, te dices “nunca lo lograré”, pero después se aprende.  El espacio es un buen ejemplo de las proezas de las que es capaz el hombre y de ¡su increíble capacidad de adaptación!
En el simulador, te entrenas para vivir como allí arriba.  Los 1.000 interruptores funcionan y te entrenas en todas las fases críticas del vuelo y de la misión. Todo es simulado. Se ve incluso la Tierra, como imagen virtual, por el visor.

IOONOS: ¿Se vive realmente en el simulador?

Jean-François Clervoy: Para una misión corta, te preparas con el resto de la tripulación y efectivamente vivimos juntos en el simulador, en las condiciones exactas que encontraremos allí arriba. Naturalmente puedes salir para hacer una llamada o ir al baño, ¡aunque no está mal entrenarte en los baños del espacio en el simulador! Te alimentas con los alimentos espaciales en la cocina pequeña, las comidas se preparan por turnos en función de los menús marcados. 

IOONOS: ¿Para qué sirven el plan de vuelo y los procedimientos?

Jean-François Clervoy: ¡Se parte con casi 100 kilos de documentos escritos! Para las misiones de corta duración, de menos de 15 días, todo está detallado.
Por ejemplo, si os muestro el plan de vuelo de la misión Hubble* que he realizado, veréis que mi empleo del tiempo es muy preciso. Para cada jornada, las actividades están detalladas cada 5 minutos casi y esto es para cada miembro de la tripulación.
Por ejemplo, con respecto a esta misión, el plan de vuelo me indicaba exactamente que, dos horas y media después del despegue, debía seguir un procedimiento para poner en marcha un aparato de medición de la radiación. Por lo tanto, tenía un libro de procedimiento para los pasos a seguir.
 
Atención, salimos

IOONOS: ¿Cuándo se está preparado para viajar al espacio?

Jean-François Clervoy: Un astronauta está preparado para viajar al espacio cuando su instructor le declara preparado.  Él mismo se siente íntimamente persuadido de estar preparado para despegar cuando ha revisado todas las etapas de su misión y, cuando, ha leído todos los libros correspondientes y está seguro de comprenderlos. No se habrá hecho todo en el simulador, pero se habrá experimentado cada tarea.

IOONOS: ¿Qué se siente en el despegue?

Jean-François Clervoy: Es necesario gastar muchísima energía en poco tiempo para alcanzar el espacio orbital y la velocidad de 28.000 km/h. Es 10 veces más rápido que la bala del fusil más eficaz que existe. Imaginaros que atravesáis París en menos de un segundo.
Por lo tanto, se siente la aceleración y el empuje en la espalda, un poco como en la Space Mountain en Disneylandia. Esto va hasta 3 G, es decir, que se siente 3 veces tu peso al final de la subida. Pero lo que se siente sobre todo es maravilloso, es magnífico, el cielo está negro a pleno día, la Tierra es azul y magnífica.  Se distinguen los países, los volcanes, los huracanes… En cuanto a la ausencia de gravedad, ¡es muy divertido, muy lúdico!

IOONOS: ¿Cuáles son sus impresiones sobre la vida a bordo?

Jean-François Clervoy: La vida a bordo la comparo a la de un camping, a la buena de Dios. Cada uno encuentra sus pequeños trucos para hacerse la vida más fácil. Y después, como ya hemos vivido juntos en el simulador, llegamos a entendernos fácilmente.  En las misiones cortas, es como si desmontases tu tienda cada mañana, porque no hay literas. Te lavas con guantes y comes platos preparados, liofilizados o en salsa para que no se escapen por todas partes a causa de la ausencia de gravedad.  Incluso los caramelos están en bolsitas especiales para que se puedan sacar sin que se vuelen. Y para los baños, es como en un camping, salvo que no tienes derecho a hacer un agujero detrás de la tienda, ¡en eso también hay que seguir los procedimientos!

IOONOS: ¿Quién manda a bordo?

Jean-François Clervoy: La autoridad Nº 1 durante el vuelo no es el comandante de a bordo, no es la máquina evidentemente, es el director de vuelo que se encuentra abajo. Cuando no hay comunicación con la tierra, es el comandante de a bordo quien se hace cargo. Naturalmente, las cosas no pasan nunca como las habías previsto. Siempre hay alguna cosa que lleva un poco más de tiempo. Una aplicación informática que no se comporta como se esperaba. Nuestros libros y nuestros documentos deben protegernos de toda una combinación de averías posibles. Pero, además, hay que tener sentido común. Cuando hay alguna cosa no normal, un astronauta debe conocer bien su máquina y sobre todo, debe conocer las consecuencias de cada uno de sus actos. En el Hubble*, por ejemplo, era muy fácil estropearle de manera definitiva. Es por eso que son necesarios los procedimientos, no se puede aprender todo de memoria. Pero el astronauta debe saber leer entre líneas y no seguir siempre todo al pie de la letra. 




Tres viajes en el espacio, tres misiones diferentes

IOONOS: ¿Puede contarnos en pocas palabras sus diferentes misiones?

Jean-François Clervoy: Mis tres misiones han cumplido objetivos diferentes: ha habido una misión para el planeta Tierra, una para los hombres de la estación Mir" >Mir y una para la ciencia con el telescopio Hubble.

La primera, STS-66 (Space Transportation System), estaba dedicada al estudio de la atmósfera y del sol.  Los resultados han permitido una mejor comprensión de los fenómenos del agujero de ozono y del recalentamiento de la atmósfera. La gran inclinación de la órbita (57 grados), la orientación de la nave en vuelo “de espaldas” casi continuamente, así como las fases de la órbita con respecto al sol me han ofrecido las mejores condiciones posibles de observación de la Tierra. En período de alerta, cubría cada día las Américas, Europa, África, Oriente Medio y toda Asia bajo un espléndido sol y sin obstrucción de las nubes. Esta combinación de factores favorables a la observación de la superficie de nuestro planeta es muy rara durante un vuelo espacial de corta duración. El ojo humano ha demostrado ser un instrumento óptico sorprendente con prestaciones que sobrepasan a menudo las capacidades de los aparatos fotográficos clásicos. En particular, la aptitud para detectar los detalles mediante el contraste luminoso. Son tan evidentes a pequeña escala un petrolero que desala ilegalmente en mar abierto como a gran escala la percepción de la actividad tectónica de la corteza terrestre.

La segunda misión, STS-84, tenía como principal objetivo el servicio de transporte de la estación rusa Mir" >Mir. Aportamos experiencias y vivencias para un miembro americano de nuestra tripulación que iba a permanecer 4 meses a bordo y devolvimos a tierra al que acababa de estar. Habíamos alcanzado lazos estrechos con la tripulación de la Mir" >Mir durante el entrenamiento en común en Rusia y nos sentíamos responsables de su suerte. El éxito de su misión dependía directamente de nuestra llegada. Les hemos llevado entre otras cosas un generador de oxígeno a base de orina que evita el consumo de los pocos cartuchos químicos desechables disponibles a bordo. Sabíamos de su larga espera después de 3 meses de vida aislada sin visitas. La apertura de la esclusa de aire de conexión entre la lanzadera y la estación, la comida internacional tomada a bordo de la Mir" >Mir, la separación de las 2 naves al final de la misión seguirán siendo momentos muy emotivos.

La tercera misión, SRS-103, estaba consagrada a la reparación y la mejora del telescopio espacial Hubble (HST). Dos meses antes del despegue, había quedado inutilizable tras una avería del giroscopio a bordo del satélite. Llevábamos sobre nuestros hombros la carrera de varias centenas de científicos que sólo viven de los datos transmitidos por este telescopio, no igualado todavía en la actualidad por las imágenes del universo lejano.  La órbita de Hubble es también única por su altitud: La más alta alcanzada nunca por la nave. He podido contemplar nuestro planeta a más de 600 km de altura, dos veces más lejos que los otros vuelos espaciales. Los resultados espectaculares de nuestra misión de salvamento me aportan la profunda convicción de haber servido a la Ciencia. Estaré orgulloso de poder contar a mis hijos pequeños: "¡He estado allí!” esperando comunicarles este gusto por la Aventura humana.

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